He de agradecer que estos últimos meses en mi casa han sido felices y provechosos. Hemos estado días enfermos (Covid, anginas, mastitis, constipados), hemos estado muy ocupados tratando de educar, entretener y cuidar de nuestros dos hijos. Afortunadamente, he mantenido bastantes sesiones online. Y a nivel profesional, sobre todo, me ha servido para quitarme espinas clavadas.

Tengo dos miedos recurrentes que no sé si son miedos o pánicos o fobias: uno, a la burocracia, papeleo y gestiones de índole administrativa; el otro, a venderme, publicitarme, llamar la atención.

Y este último, para mi trabajo, es suficientemente limitante como para tratar de combatirlo.

Con Young&Leaders me ha ido y está yendo muy bien (cruzo los dedos para que continúe así), superando las expectativas iniciales que tenía hace ya 7 años. Para dar a conocer el proyecto me he escondido detrás de una marca, de otro nombre que no era el mío. No hacía falta proyectar mi imagen al exterior.

La abundancia de proyectos en coaching ejecutivo, desarrollo de equipos y consultoría de RRHH me ha venido dada por la inercia de mi trabajo (me gusta pensar que por haberlo hecho bien) y por aprovechar las oportunidades que me han dado. Pero nunca he utilizado mis éxitos para promocionarme y llegar a más clientes, construir una marca personal potente con la que dar un paso más allá y llegar más lejos.

En ocasiones me excuso en que no quiero ser de esos que se exponen profiriendo tópicos y fraseología vacía, un vendeburras, en definitiva.

Realmente, en muchas ocasiones ayudo al cambio, potencio, desarrollo, maximizo e incluso transformo, pero me cuesta una inmensidad reconocer que lo hago. Decir que transformas es de lo más pomposo y soberbio que se puede exclamar. Sin embargo, es el objetivo de mi trabajo.

Es una línea muy fina, un equilibrio complicado el mantener la humildad, sinceridad y autenticidad a la vez que trabajas “transformando” personas o grupos de personas, a la vez que tienes que diferenciarte del resto, hacerte visible, llamar la atención.

Es fácil caer en el ridículo, en la falsedad, en la charlatanería.

Desde que tengo uso de razón he querido pasar desapercibido y he visto en la discreción una virtud, y eso en mi profesión supone un obstáculo enorme con el que pocas veces he querido enfrentarme.

Las excusas para no hacer publicidad de mí mismo son múltiples y variadas, y aunque tienen justificación, no dejan de ser excusas: para decir lo que todo el mundo, no digo nada; hace 2500 años ya se decía lo mismo y mejor; para quedarme en la superficie mejor me callo; no quiero parecer un vendehúmos; me sentiré ridículo; nadie me tomará en serio; no se fijarán en mí y encima estaré haciendo el bobo por ahí… miedo al ridículo.

Y hay parte de verdad en ello: no quiero vender la moto pero veo que a muchos de los que la venden les va genial; no quiero soltar frases hechas, cursis, vacías, pero veo que muchos de los que las sueltan triunfan; no quiero ser reduccionista y simplificar la vida, los conflictos, los dilemas, a fórmulas mágicas pero veo que muchos libros tratan de eso.

Entonces, pienso que si no hago eso, eso para lo que me siento incapaz y haría de mí una persona impostada e infeliz, no llegaré a nadie.

Y me he liado. Me he confundido. He asociado crear una marca propia con ser el personaje de Tom Cruise en Magnolia. Y por eso nunca lo he hecho, por unos principios malentendidos, mezclados con temores personales.

Por suerte, venía con carrerilla después de publicar recientemente dos libros que tenía en el cajón y no me acababa de decidir a dar el paso, así que he aprovechado esta inercia de valentía y he diseñado mi web personal con la que pretendo dar más visibilidad a mí mismo como profesional, no sólo a mis proyectos.

He intentado que sea sincera, auténtica, clara e interesante. Supongo que algunos tics marketinianos son inevitables, pero no seamos tiquismiquis, he entendido que es algo necesario y no necesariamente negativo.

Podéis criticarla libremente, darme consejos públicos o privados. Incluso podéis interesaros por lo que hago y por cómo lo hago.

gerardgual.com